Amigos míos:
Tenía mucho tiempo sin escribir alguna reflexión sobre la inseguridad, pero me ha tocado sufrir de nuevo en mis bienes el vandalismo y robo ¡de la tubería de cobre! y cables de electricidad. Este lugar está en Gómez Palacio, Durango y da pena lo que sucede con los que nos atrevemos a denunciar los delitos.
La persona que habitaba la casa sufrió robo en sus pertenencias en tres ocasiones, haciendo la denuncia correspondiente, a la última de ellas yo acudí también como afectada: pérdida de tiempo, la "perito" como dicen ellos me dijo que para ir a mi casa a sacar fotos necesitaba $50 pesos para la gasolina, y por supuesto no se ha dado con los responsables. No puedo salir de casa por unas horas porque tengo miedo que regresen los ladrones, ni puedo dormir tranquila. Los ladrones son tal vez adictos que son implacables cuando requieren robar para vender lo robado y comprar sus drogas, cada día son más violentos y hacen lo que quieren, pues si los encierran, salen pronto. La familia de los delincuentes los defiende ante sus fechorías, por lo cual, los denunciantes tememos por nuestra vida.
Estamos ante un cáncer social, que, nos dicen, tenemos que conformarnos en padecer y el gobierno municipal y estatal no tienen planes para erradicar esas pandillas citadinas, para dar alternativas que acaben con este flagelo, por eso apoyo el Movimiento por la Paz, el gobierno tiene que escuchar.
Me niego a quedarme de brazos cruzados, me niego a aceptar esa dura realidad. Tal vez mi indiferencia de muchos años ante las personas más pobres sea la causa de que este cáncer nos devore algún día.
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